(Capítulo anterior)

Su piso nunca había sido muy grande,  pero en ese momento parecía incluso más pequeño. El sonido parecía venir de alguna parte su habitación… Aunque no parecía que nada se hubiera movido.

Estoy alucinando, no puede ser.

Lentamente,  Lucas abrió la puerta de su habitación. No sabía que podía encontrarse, pero de algún modo u otro tenía que descubrirlo.

Sin salir completamente de su habitación,  inspeccionó de manera detallada el resto del piso.  El comedor estaba tan silencioso como la noche anterior (el plato de la cena todavía estaba sobre la mesa, la tele estaba apagada y ni siquiera los enchufes emitían ruido).  La cocina, situada al otro lado del comedor, parecía apacible tan alejada de las únicas fuentes de luz natural del piso.

Lucas suspiró aliviado, y salió al comedor.  No pasaba nada.  De repente comenzó a reírse de manera nerviosa.

-Me estoy volviendo loco, ya es oficial – dijo cuando paró de reír –  Necesito dormir cinco minutos, diez, lo que sea, si quiero recuperar la cordura.

De manera cansada,  Lucas se giró para volver a su habitación, pero no llegó a entrar.  En la puerta se encontraba una extraña figura alta, delgada y con el rostro cubierto.  Esta especie de sombra iba vestida completamente de negro, pero lo que más llamó la atención de Lucas fue el cuchillo que llevaba en la mano derecha.  Una pieza de metal amenazante que parecía capaz de herir con sólo mirarla.

-¿Quién co…

Antes de que pudiese terminar la frase Lucas tuvo que retroceder.  La sombra había avanzado rápidamente hacía él  empuñando el cuchillo en alto.   Se había librado por poco, pero tampoco se podía quedar allí para descubrir las razones de su atacante.

Sin mirar hacía atrás, Lucas comenzó a retroceder. Esa batalla no podía ganarla si luchaba únicamente con los puños.

La sombra intentó atacarle de nuevo con el cuchillo.  Lucas intentó parar  el ataque con el brazo derecho, pero lo único que consiguió fue que el frío metal del cuchillo llegará a cortar su piel.  El ardor de la sangre empezó a nublar sus pensamientos.

Mientras la sombra se preparaba para administrar un ataque todavía más certero con su cuchillo, Lucas cogió rápidamente el plato que todavía estaba en la mesa  y se lo estampó con todas sus fuerzas en la cabeza.

A causa del golpe la sombra retrocedió, pero de manera instintiva golpeó a Lucas con el puño del cuchillo. El joven, que seguía asimilando el resultado de su última acción,  cayó al suelo fulminado.

Lucas se había convertido en un cúmulo de dolor, sangre, heridas y confusión. No podía razonar, sólo pensaba huir, debía huir cuanto antes, aunque tuviese que arrastrarse por el suelo.

Antes de poder acercarse más a la puerta de la calle,  la sombra pisó con fuerza la mano derecha de Lucas, haciendo que este gritase de dolor.

-Quizás no pueda matarte hoy, pero nadie dijo nada de entregarte con algunas heridas – dijo la sombra con una voz ronca mientras cogía a Lucas por el cuello de la camisa con su mano libre.

Como si pesará una pluma, la sombra levantó a Lucas del suelo, y lo empujó hacía la pared más cercana mientras colocaba el cuchillo ensangrentado en su garganta.

Ya está,  aquí acaba todo. Joder, menuda forma de morir…

El dolor hizo que Lucas no pudiese responder a su atacante. Lo único que pudo hacer fue cerrar sus ojos llorosos a causa del dolor.

Mientras esperaba su final,  Lucas escuchó el impacto de un cuerpo contra el suelo…pero él seguía en pie.  Lentamente, abrió los ojos y vio a la sombra en el suelo junto a los fragmentos de una botella de cristal.

¿Qué ha pasado? ¿Cómo….

-¡Eh, tu!….¡Pasmarote!

Lucas se giró lo más rápido que pudo y contempló en su cocina a una chica alta, de pelo corto, que iba atabiada con una especie de uniforme oscuro.  Una extraña que parecía haber salido de la nada.

– ¡Dios! Podían haber avisado de que esto sería difícil – dijo ella mientras perdía la poca paciencia que le quedaba – ¿Quieres vivir?

Lucas, todavía confundido por lo que estaba pasando, asintió lentamente.

-Pues vamos – dijo la chica misteriosa mientras abría la puerta de la calle.

Lucas miró de nuevo a la sombra que parecía recobrar la conciencia poco a poco.

Morir o seguir a una extraña que me acaba de salvar la vida… Creo que prefiero lo segundo.

Lentamente, Lucas dejó atrás su piso, sin saber lo que había pasado, ni lo que iba a pasar a continuación, pero con la certeza de que tenía que seguir a esa chica.

Siguiente capítulo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *