Desde el comienzo

Capítulo anterior

 

En cuestión de segundos, una fuerte lluvia había comenzado a azotar la ciudad.  Las calles se habían oscurecido de repente, pero Lucas estaba seguro de que no conocía las calles que le rodeaban.

Con pasos torpes, Lucas intentaba seguir a la extraña que andaba a pasos acelerados, sin fijarse en él. La lluvia parecía nublar más sus pensamientos, sólo empeoraba el dolor producido por los golpes y la sangre que perdía a cada segundo.

Está claro que esto es un sueño, un maldito sueño lleno de sangre, heridas y dolor. ¿Y los zombies?…Deberían de aparecer ya…  No creo que va a salir un arco iris que solucione las cosas.

La extraña no había parado ni un segundo desde que salieron del edificio, parecía que la lluvia no le molestaba, o por lo menos no tanto como a Lucas. Después de andar tres manzanas sin variar de rumbo, la chica giró rápidamente hacía un estrecho callejón entre dos edificios antiguos.

Lucas llegó al callejón, y tuvo que pararse a respirar tranquilo. Cada paso le suponía un esfuerzo sobrehumano debido a sus heridas. A un metro de distancia, la chica estaba parada, con los brazos cruzados en signo de alta desesperación. Parecía sacarle de sus casillas el hecho de que no pudiera seguir su ritmo.

– ¡Vamos, pasmarote! – dijo exasperada la chica – ¿A qué esperas? ¿A que te maten ya de una vez?

Habla cómo si fuera tan fácil correr después de una pelea. ¡Volando voy!

Lucas suspiró resignado y reuniendo todas las fuerzas que le quedaban, decidió acercarse a la chica para dejarle claro que pensaba de todo esto. Pero cuando puso el pie derecho de nuevo en el suelo, un fuerte dolor le recorrió todo el cuerpo e hizo que se cayera en redondo contra la pared de uno de los edificios colindantes. No podía moverse en esos momentos, la pelea había acabado con él.

Lentamente, la chica se acercó hasta Lucas. Cuando estaba en frente de él, se agachó y comenzó a examinar sus heridas de una manera casi médica.

-Ya ves lo que hay, no soporto ni un simple puñetazo – dijo él entre risas forzadas – No se que te motivó a salvarme, pero quizás te has equivocado. No merezco la pena.

Sin responderle, la chica le cogió el brazo dónde el cuchillo se había encontrado con la piel y sacó de un bolsillo un pañuelo blanco.

– Poco más y llega hasta el hueso, has tenido suerte – dijo mientras ataba el  pañuelo sobre la herida de Lucas.

-Bueno, tenemos una percepción distinta de lo que es suerte – le respondió Lucas, todavía convaleciente a causa del dolor- Para mí suerte es estar en casa, ganar la lotería o poder descansar un poco.
Aquí se está bien, ¿por qué no me deja descansar tranquilo? A lo mejor ahora si que podré dormir bien.

Ella seguía allí, a su lado, observándole a él y a sus heridas mientras la lluvia seguía cayendo sobre ellos, enfriando todo a su alrededor.

Algo hizo que el gesto de la chica cambiará, de repente la mirada analítica dio a paso a una expresión más tranquila, incluso serena.

-Míralo por el lado bueno, si sigues vivo podrás ganar la lotería, ¿no? – dijo ella mientras se reía, intentando animar a Lucas.

Lucas comenzó a reírse, esta vez de verdad, lo que hizo que varias punzadas de dolor le hicieran retorcerse en el suelo.

– Quién lo diría, una doctora con sentido del humor – dijo Lucas mientas se sentaba de una manera más cómoda, con la espalda contra la pared – Ahora en serio, ¿por qué? o ¿cómo?

La chica tranquila y calmada que le había animado, desapareció en un instante.  Otra vez, se encontraba frente a la fría y distante extraña que le había salvado.

-Es una historia larga y complicada y no tenemos tiempo para que te la cuente toda – dijo ella con una extraña seguridad- De manera abreviada, hay dos grupos que sabían que ibas a aparecer hoy aquí, uno quería matarte, el otro rescatarte. Yo ayudo a los buenos. Me mandaron para salvarte, para evitar que hoy no murieses, y  llevarte a un lugar seguro sin sombras.

Será el frío, o será el dolor, pero creo que dice la verdad.

-No se qué haría sin ti – dijo Lucas mirando detenidamente a la chica- La doctora de mis sueños que me salva de las sombras.

Una risita casi infantil se escapó de entre sus labios. La mezcla de dolor, cansancio y frío lo estaban haciendo delirar por completo.

A modo de respuesta, la chica cogió la mano rota de Lucas, y la dobló. El chico aulló, con las pocas fuerzas que le quedaban, a causa del dolor.

-¿Notas eso?- le preguntó ella con tono autoritario y frío – Ese dolor te tiene que dejar claro una cosa Pasmarote. No estás soñando, todo lo que ha pasado es real. No soy parte de tu imaginación. ¡Ahora levántate!

La chica se puso de pie y  ofreció a Lucas su mano para que este se levantase. De manera costosa, el chico aceptó la ayuda de su salvadora, y lentamente, consiguió ponerse en pie de nuevo.

-Antes de seguir huyendo, o lo que sea que estemos haciendo – dijo Lucas intrigado – ¿Tiene nombre mi doctora?

Ella levantó una ceja, parecía que esa pregunta no había llegado en el momento correcto. Pero no podía entretenerse más, le habían dicho que no podía tardar mucho. Si querían salvar al chico tendrían que llegar a la Academia pronto, y sólo había un modo de recorrer media ciudad en un instante.

– Dejemos la cosas claras. Tu estás herido, eres la persona más buscada de toda la ciudad, y quizás de todo el mundo -comentó ella mientras cogía una pequeña moneda de plata que escondía dentro de la chaqueta- Me mandaron a salvarte y está claro que no estás a salvo. Así que si quieres, hacemos un trato. Cállate, sígueme, y en cuánto estemos fuera de peligro, y no delires, te diré mi nombre. ¿Hecho?

Acepta, idiota, que esas condiciones son lo mejor que te vas a encontrar ahora mismo.

Intentando mostrar calma, y una cierta indiferencia al dolor, Lucas levantó las manos y asintió aceptando las condiciones.

– Así me gusta – dijo ella.

Rápidamente, la chica se giró hacía la pared del edificio contrario. Una vez allí, dio tres toques en la pared con la moneda.

En cuestión de segundo, una especie de vórtice azul de dos metros se materializó en la pared. Lucas no sabía que decir, hasta ahora no había visto nada parecido, ni siquiera sabía que podía pasar. Antes de poder preguntarle a la chica que era, ella le cogió del hombro y lo arrastró hacía el vórtice.

Antes de poder pestañear, Lucas había desaparecido. La extraña no se lo pensó dos veces, se dirigió hacía el portal y también desapareció del callejón.  Como los chicos, el vórtice azul se desmaterializó en cuestión de segundos, sin dejar ningún rastro.

Continuará…

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